
Autor: Dr. Sergio de Jesús Solórzano Puga
Doctor en Educación por la Universidad Contemporánea de las Américas, maestro en Desarrollo Organizacional y Humano por la UNIVA, licenciado en Educación Primaria por el ISENCO, licenciado en Derecho por la Universidad Vizcaya de las Américas y licenciado en Pedagogía por el Instituto de Estudios Superiores de la Red Iberoamericana de Academias de Investigación. Actualmente cursa la Maestría en Derecho Constitucional en la Escuela Judicial Electoral del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Es docente de la Escuela Primaria Juan José Ríos, turno vespertino, en Villa de Álvarez, Colima, y profesor universitario en instituciones como la Universidad de las Américas, UVM, UTEL e IEXPRO. Ha sido tutor de docentes de educación básica, desarrollador de planes y programas de posgrado y titular de áreas de transparencia en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima.
Palabras clave: innovación educativa; inclusión; liderazgo pedagógico; investigación educativa; aprendizaje.
En una misma aula conviven estudiantes que leen con soltura, otros que necesitan más tiempo para comprender una consigna y algunos que participan mejor cuando pueden hablar, dibujar o manipular materiales. A la vez, las escuelas reciben nuevas herramientas digitales y demandas de formación que van de la convivencia al cuidado del entorno. Ante ese escenario, educar para transformar significa tomar decisiones que amplíen las oportunidades reales de aprender y permitan revisar sus efectos.
Esta reflexión interesa a docentes, directivos y familias porque las palabras innovación, inclusión y liderazgo suelen aparecer juntas, aunque pocas veces se explica cómo llevarlas a una clase ordinaria. La Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación (2021) propone pensar la educación como una tarea pública y compartida. Esa idea ofrece una pregunta útil para la escuela: ¿qué podemos cambiar, con los recursos disponibles, para que más estudiantes aprendan y participen?

¿QUÉ SIGNIFICA INNOVAR EN EDUCACIÓN?
Innovar comienza al identificar una dificultad de aprendizaje y ensayar una respuesta mejor fundamentada. Si un grupo memoriza información sobre el agua pero no puede explicar por qué escasea en su comunidad, el docente puede convertir ese contenido en una investigación breve: observar el consumo en casa, comparar datos, entrevistar a personas cercanas y proponer acciones. La tecnología puede ayudar a registrar o comunicar los hallazgos; una libreta y un cartel también sirven cuando el acceso digital es desigual.
Paniagua e Istance (2018) describen al profesorado como diseñador de ambientes de aprendizaje y sitúan la innovación pedagógica en la resolución de problemas de enseñanza. Esto exige planear qué se aprenderá, qué harán los estudiantes para construir una explicación y cómo se reconocerá su avance. Una actividad vistosa pierde valor si nadie puede explicar qué conocimiento ayudó a desarrollar.

En un proyecto sobre el agua, por ejemplo, la pregunta inicial podría ser: «¿Dónde se desperdicia agua en nuestra escuela?». Equipos pequeños registrarían observaciones durante una semana; después organizarían los datos, escribirían recomendaciones y las presentarán a otro grupo. El aprendizaje se apreciaría en la calidad de las explicaciones, el uso de evidencias y la revisión de las propuestas, además del producto final.
¿CÓMO LOGRAR QUE LA INNOVACIÓN INCLUYA A TODAS Y TODOS?
Una actividad puede ser novedosa y, sin embargo, dejar fuera a quien no tiene conexión, lee a otro ritmo o necesita apoyos para expresarse. El Informe de seguimiento de la educación en el mundo sobre inclusión señala que las barreras tienen causas diversas y pide observar a quiénes afectan las decisiones escolares (Equipo del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, 2020). Por ello, antes de iniciar un proyecto conviene preguntar quién podrá participar, con qué apoyo y de qué manera mostrará lo aprendido.
En el ejemplo del agua, la misma meta —explicar un problema y sustentar una propuesta— puede alcanzarse mediante un texto, una presentación oral acompañada de dibujos o una infografía. Para que esta flexibilidad sea justa, todos necesitan criterios comunes de calidad: describir el problema con claridad, usar observaciones confiables y justificar la solución. Las opciones cambian la forma de expresión; la exigencia de pensar y aprender permanece.

También hace falta escuchar a los estudiantes. Un registro breve de participación puede revelar quién toma siempre la palabra y quién queda relegado a copiar. Distribuir funciones rotativas, leer en voz alta las instrucciones y dar tiempo para preparar respuestas son ajustes pequeños que abren espacios de intervención. Si algún alumno requiere apoyo específico, corresponde dialogar con la familia y el personal especializado, cuando lo haya, sin reducir al estudiante a una etiqueta.
¿QUÉ PAPEL TIENE EL LIDERAZGO PEDAGÓGICO?
Transformar una práctica aislada es difícil si el equipo escolar carece de tiempo para conversar sobre lo que ocurre en las aulas. El informe de la UNESCO sobre liderazgo educativo sostiene que la mejora requiere objetivos compartidos, apoyo al aprendizaje y colaboración entre quienes integran la comunidad escolar (Equipo del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, 2024). Liderar, en este sentido, implica crear condiciones para que el profesorado pueda probar, observar y ajustar su enseñanza.
Una dirección puede empezar por acordar una prioridad concreta para un periodo corto: mejorar la comprensión de consignas, por ejemplo. Después, los docentes pueden comparar trabajos anónimos, identificar dónde aparece la dificultad y compartir dos estrategias que hayan utilizado. La siguiente reunión serviría para revisar nuevas producciones y decidir si esos cambios ayudaron. Esta conversación exige confianza: reconocer que algo no funcionó debe servir para aprender, no para buscar culpables.

El liderazgo también puede surgir de una maestra que comparte una secuencia didáctica, de un estudiante que propone una pregunta pertinente o de una familia que ayuda a entender el contexto. La responsabilidad institucional sigue siendo indispensable: organizar tiempos, asegurar materiales y dar seguimiento a los acuerdos evita que las buenas ideas dependan sólo del entusiasmo individual.
¿CÓMO INVESTIGAR SI UN CAMBIO FUNCIONA?
Investigar la propia práctica no exige convertir cada clase en un estudio complejo. Puede comenzar con una pregunta acotada: ¿Ayuda permitir distintas formas de respuesta a que más estudiantes expliquen sus ideas con evidencia?. Primero se recogen algunas producciones y se registra quiénes participan. Después se aplica el ajuste durante varias sesiones y se comparan nuevos trabajos con los mismos criterios. Conviene añadir la voz de los estudiantes: preguntar qué apoyo les permitió comprender y qué obstáculo encontraron.
Esa comparación permite detectar avances, aunque no demuestra por sí sola que el cambio haya sido la única causa. Influyen también la práctica acumulada, la asistencia, el tipo de tarea y el acompañamiento fuera de clase. Anotar esas condiciones ayuda a interpretar los resultados con cuidado y a decidir el siguiente paso: mantener la estrategia, modificarla o buscar otro apoyo.
La investigación educativa cobra sentido cuando vuelve al aula. Si las explicaciones mejoran pero tres estudiantes siguen sin participar, el éxito del proyecto aún es parcial. Habrá que mirar sus trabajos, conversar con ellos y rediseñar los apoyos. Una escuela que aprende no necesita proclamar que ya se transformó: muestra qué intentó, qué observó y qué hará después.

UNA TAREA COMPARTIDA
Educar para transformar se construye en decisiones concretas: formular mejores preguntas, abrir formas de participación, sostener expectativas claras y examinar evidencias sin perder de vista a las personas. La innovación ofrece caminos; la inclusión pregunta quién puede transitarlos; el liderazgo hace posible recorrerlos en comunidad. Cuando estas tres dimensiones se encuentran en el trabajo cotidiano, la escuela puede responder a los desafíos del siglo XXI con rigor, cuidado y capacidad de aprender de su propia experiencia.
Conoce como el Dr. Sergio propone nuevas formas de innovar en el aula desde su experiencia consultando su ponencia completa en nuestro canal de Youtube.
REFERENCIAS
Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación. (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación. UNESCO. https://www.unesco.org/es/articles/reimaginar-juntos-nuestros-futuros-un-nuevo-contrato-social-para-la-educacion
Equipo del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo. (2020). Informe de seguimiento de la educación en el mundo, 2020: Inclusión y educación: Todos y todas sin excepción. UNESCO. https://www.unesco.org/es/articles/informe-de-seguimiento-de-la-educacion-en-el-mundo-2020-inclusion-y-educacion-todos-y-todas-sin
Equipo del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo. (2024). Informe de seguimiento de la educación en el mundo, 2024/5: Liderazgo en la educación: Liderar por el aprendizaje. UNESCO. https://www.unesco.org/es/articles/informe-de-seguimiento-de-la-educacion-en-el-mundo-2024/5-liderazgo-en-la-educacion-liderar-por-el
Paniagua, A., & Istance, D. (2018). Teachers as designers of learning environments: The importance of innovative pedagogies. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/9789264085374-en


