
LDE. Victoria Gabriela Guzmán Rodríguez
Licenciada en Danza Escénica y egresada de la Maestría en Innovación Educativa, ambas por la Universidad de Colima. Estudiante de la Especialidad en Políticas Culturales y Gestión Cultural en la Universidad Autónoma Metropolitana. Diplomada en Tutoría Innovadora para un Mundo en Constante Cambio por la ANUIES. Iluminadora, Investigadora, Escenógrafa, Coreógrafa, Docente, Gestora, Productora y Bailarina. Directora y fundadora de Producciones Victoria Moon (2021). Se ha desempeñado en la docencia de las artes escénicas, la producción lumínica, escenográfica y coreográfica de forma independiente, a su vez que es directora administrativa de Palo Fierro, Grupo de Son Jarocho. Fue directora del Centro Cultural Salagua en 2025 y formó parte del comité organizador de las Muestras Escénicas de la Ucol en 2023, también participó en la organización del 9° Festival Teatral Tecomán. En la docencia, ha impartido diversas materias en las carreras de Licenciado, Maestro y Especialidad en Enseñanza de las Artes en la UNAC. Ha participado en distintos espacios de desarrollo cultural, producción escénica y trabajo comunitario, impulsando iniciativas que vinculan arte, territorio y participación social.
Palabras Clave: Innovación Educativa, Ecosistema, Práctica Docente.
Mucho se habla acerca de la innovación educativa, podemos verlo en diversos espacios, foros, instituciones, escuelas, incluso en universidades, sin embargo, debemos cuestionarnos el título de este blog, ¿Qué entendemos cómo innovación?, y estos cuestionamientos, o la posible respuesta a ellos, no son ideas propias de esta autora, si no que han sido ya descritos por diversas figuras académicas intentando desenmarañar aquella concepción que, desde el romanticismo, hemos ido construyendo acerca de este proceso.
En este espacio, se pretende abrir el diálogo y la reflexión a partir del análisis de 4 autores: Del Río-Fernández (2023); Macías (2024); Mero (2022); y Orrego (2022). Cada una y uno de elles, desde sus trincheras, analizan a qué se refiere la innovación en el campo de la educación, hablando respectivamente de la innovación como una crítica, un contraste con la actualidad y la modernidad, un sistema, y finalmente como un paradigma, ofreciendo así diversas perspectivas que podrían ayudarnos a situar un concepto tan complejo, pero que con más frecuencia le escuchamos mencionar en nuestra sociedad.

Para comenzar la reflexión, es importante que nos cuestionemos, sin buscar una respuesta certera o estudiada, si no por el contrario encontrando aquello que llega a nuestro entendimiento como un primer pensamiento, ¿Innovar es crear algo nuevo? ¿Es necesario usar tecnologías en el aula?.
En un inicio, debemos desmitificar la invención como la única forma de la innovación, pues ésta no consiste necesariamente, haciendo un especial énfasis en esta última palabra, en crear algo enteramente nuevo y desde cero, sino en hacer las cosas de manera diferente en función de la historia, la rutina y el contexto específico de una situación educativa determinada (Orrego, 2022). La propia Orrego, nos deja en claro, que, en nuestra práctica docente, el utilizar metodologías o herramientas ya existentes no hace ni menos ni más innovador en nuestro quehacer, sino que más bien, es lo que hacemos con esas herramientas lo que convierte nuestro hacer en algo innovador.
Cada día, se publican miles de artículos, libros, ensayos y demás textos, que no se presentan como la originalidad entera, si no que más bien, aprendemos a utilizar un sistema de citación en el que reconocemos que las ideas son de otra persona y no originalmente nuestras, este ejemplo, es particularmente pertinente para explicar la innovación, pues no necesariamente por citar a otres autores, nuestro trabajo en su totalidad es menos original, por el contrario, le da una solidez y confiabilidad al basarnos en ideas ya probadas y evaluadas, de las cuales partimos como base para proponer cambios, nuevas ideas, o desmitificar otras cuantas.
A partir de estas reflexiones, propongo comprender la innovación como un ecosistema, en el que Mero, por su parte, desde la perspectiva sistémica, supone que la innovación debe producirse de raíz en el sistema que sostiene las prácticas a innovar, es decir, que no solo las personas docentes deben ser agentes de cambio, sino que desde los esquemas de poder y prácticas colectivas, se deben insertar cambios significativos para propiciar el innovar; esto desde tres pilares fundamentales: el pilar del conocimiento, el pilar pedagógico y el pilar de la forma en la que enseñamos (2022). En palabras de esta autora, el qué, el para qué y el cómo, involucrando a personas directivas, administrativas y demás jerarquías.

Como en todo ecosistema, es necesario identificar las tensiones que señala cada autore alrededor de la innovación, algo que para Mero, resultó en dos fuerzas totalmente contrarias, por una parte la fuerza opositora, es decir, metodologías vacías, o sin sentido claro, o también, un estudiantado pasivo quien no hace nada más que recibir la información de la persona docente; por otro lado, la contraparte, catalogada como una fuerza de impulso, son las instituciones abiertas, donde hay flexibilidad administrativa, se acompaña a le docente, así como le estudiantado se convierte en sujeto activo de su propio aprendizaje (2022).
Sin embargo, además de mirar a la jerarquía, no podemos olvidar observar lo que nos rodea, un mundo cada vez más globalizado y que avanza a pasos agigantados con la modernización (Macías, 2024). Es evidente que la tecnología se ha incorporado de manera significativa a nuestra vida cotidiana y a numerosas actividades educativas y sociales, desde lo más básico, a tareas complejas. Macías, menciona que debemos contextualizarnos en un mundo que cada vez se híper conecta de diversas y nuevas formas (2024).
A partir de la pandemia, se demostró la capacidad de acelerar los cambios en nuestros sistemas educativos, pues en un corto período de tiempo, durante nuestro encierro, tanto alumnado como docentes e instituciones encontraron, implementaron y cambiaron a nuevas formas de practicar la educación, y la más visible es el uso de plataformas como Zoom o Meet (Macías, 2024). Sin embargo, este autore, también recalca las grietas institucionales que desde siempre han aquejado a nuestro sistema educativo en México: Una evaluación obsoleta de los conocimientos, así como una resistencia al cambio (Macías, 2024).
Esta situación resulta particularmente relevante para quienes participan de manera directa en los procesos y ecosistemas educativos, pues permite reflexionar sobre las condiciones estructurales que influyen en la innovación. En este sentido, Bensunsán y Tapia (2017) señalan que las reformas educativas en México han estado marcadas por una constante reconfiguración de políticas y lineamientos, lo que ha generado tensiones en su implementación.

A partir de esta perspectiva, puede interpretarse que la continuidad de los procesos de innovación se ve afectada cuando los cambios institucionales responden más a coyunturas políticas que a proyectos educativos de largo plazo, y de esta manera, las iniciativas innovadoras que las personas docentes desarrollan en sus aulas pueden enfrentar limitaciones derivadas tanto de las políticas nacionales como de las dinámicas de gestión presentes en los propios centros educativos.
Macías, además, hace un especial énfasis en las formas de evaluación que se utilizan, pues, aunque todo el sistema pueda cambiar, y exista una unificación utópica entre los centros de trabajo y las instituciones nacionales, no se debe dejar de lado la evaluación, pues podrán haber cambiado los currículos y metodologías, pero si se sigue evaluando con una única prueba final, por ejemplo, en la que solo se evalúa la memoria, todo el trabajo de la innovación seguirá siendo obsoleto (2024). La pandemia nos obligó a utilizar dispositivos electrónicos, pero no debemos suponer que una clase virtual es trasladar lo que se hacía dentro del aula presencial a estos espacios del internet, y esta autora considera que es en esas pequeñas, pero muy significativas decisiones, donde la innovación como un ecosistema integral, necesita diferenciarse de simples cambios didácticos o metodológicos.
Por su parte, Del Río-Fernández, nos llama a no caer en la superficialidad de lo que románticamente podemos llegar a pensar que es la innovación, es decir, suponer que innovar es necesariamente introducir un gadget al aula, o dispositivos de alta tecnología como lo sería un robot humanoide (2023). Sin embargo, estos cuestionamientos no deben ser solamente para la tecnología, también debemos cuestionar qué es lo que entendemos como innovación aún sin ello, al respecto Del Río-Fernández hace mención a no realizar discursos, ni en general, acciones vacías que solo aparentan innovar, pero que no tienen un sustento pedagógico claro.
Para evitar caer en esta falacia, Del Río-Fernández sugiere seguir la metodología de Investigación-Acción, un espiral, infinito, en el que planeamos, aplicamos, evaluamos, cambiamos para la mejora y repetimos (Del Río-Fernández, 2023 y Rodelo et. al., 2021). Y, cabe aclarar, que esto no supone que cada docente deba escribir miles de páginas haciendo los proyectos de innovación, si no que este enfoque, debe verse reflejado en nuestro actuar, es decir, cuestionarnos mientras realizamos nuestras planeaciones, buscar nuevos enfoques, analizar qué salió bien y qué salió mal, sin la necesidad de redactar informes académicos.

Bajo este enfoque, hay que poner en una balanza los medios contra los fines, es decir, no puedes darle más o menos importancia a uno o a otro, si no que se debe buscar un equilibrio que tenga un sustento pedagógico, sin satanizar a la tradición, ni sobreestimar la tecnología, siempre, fortaleciendo los tres pilares fundamentales, el qué, el para qué y el cómo, (Del Río-Fernandez, 2023 y Mero, 2022).
Aquí entra en juego nuestra última autora, pues Orrego propone que la innovación no es la universalidad de los procedimientos, si no que en cada contexto específico se debe evaluar el grado y el tipo de innovación, pues, habrá procesos que para algunos son innovadores, pero que para otros ya no lo son (2022). En palabras sencillas, podríamos implementar la metodología de aprendizaje basado en proyectos para enseñar la lectura en una escuela rural, y, cuidando todos los aspectos que antes se mencionaron, esto es un proceso innovador, en el sentido que esa escuela no lo aplicaba de esa forma ni para ese propósito, pero, si ese mismo proyecto se aplica en una escuela urbana en la capital del estado, podemos encontrar que en la práctica, ya se hacía con antelación con esa escuela.
Esto no hace menos innovador lo que se hizo en la escuela rural, ni más avanzada a la escuela urbana, si no que ejemplifica lo que Orrego propone respecto al elemento del contexto en la innovación; resaltando que aquellos elementos, metodologías o herramientas tradicionales no son obsoletos en la universalidad, puesto que, para un contexto específico, pueden significar una innovación por el tipo de uso y la forma en la que fueron aplicados y evaluados (Orrego, 2022). A manera de conclusión, esta autora considera pertinente que revisemos nuestras prácticas docentes. Desde los distintos enfoques de les autores presentados, ante el cuestionamiento sobre qué hacer como docentes dentro de una inercia sistémica, como la que reconoce Macías, en la que la institución sigue y seguirá un curso determinado, debemos reflexionar especialmente en torno a la ambición sistémica; es decir, a cuestionarnos y visualizar todos los factores que rodean nuestra práctica docente, incluyéndonos a nosotres y a nuestro propio conocimiento (Mero, 2022).

De igual forma, vislumbrar las nuevas metodologías y herramientas que una sociedad tan globalizada nos ofrece cada día, así como apegarnos a una gobernanza pedagógica y a un cuestionamiento crítico que no nos permita actuar sin antes preguntarnos qué, para qué y cómo realizar nuestras prácticas educativas (Macías, 2024 y Del Río-Fernández, 2023). Todo ello, mientras evaluamos nuestro contexto para convertirnos en docentes con agencia y sentido crítico y colectivo, mientras la innovación se sostiene en el tiempo, evitando que estas acciones se conviertan únicamente en una mejora didáctica o en un simple cambio (Orrego, 2022).
Un buen inicio para adentrarnos en este ecosistema, es cuestionarnos: Dentro de mi práctica docente ¿Qué debe cambiar para que las cosas funcionen mejor? y ¿Por qué debe cambiar o para qué hacerlo? A partir de ese análisis, la puesta en marcha de las perspectivas de las personas autoras presentadas, comenzará a visualizarse con mayor claridad y fortaleza.
Conoce más a fondo como la Mtra. Victoria Guzmán nos habla acerca de qué es realmente innovar, consulta su conferencia completa en nuestro canal de Youtube.
Referencias Bibliográficas:
Bensusán, G., y Tapia, L. (2017). Los problemas de la implementación de la “reforma educativa” (pp. 101-116). En G. Del Castillo y G. Valenti (coordinadoras) Reforma educativa ¿qué estamos transformando?: Debate informado. FLACSO México. https://www.flacso.edu.mx/wp-content/uploads/2021/04/reforma-educativa.pdf#page=102
Del Río-Fernández, J. (2023). A vueltas con la llamada innovación educativa. Algunas reflexiones para suscitar el debate. Márgenes, Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 4(1), 7-19. https://doi.org/10.24310/mgnmar.v4i1.15923
Macias, I. (2024). Innovación Educativa en el Siglo XXI: Revolucionando el Aula. Yachana Revista Científica, 13(2), 98-118. https://doi.org/10.62325/10.62325/yachana.v13.n2.2024.925
Mero, W. (2022). La innovación educativa como elemento transformador para la enseñanza en la unidad educativa “Augusto Solórzano Hoyos. Revista EDUCARE – UPEL-IPB – Segunda Nueva Etapa 2.0, 26(2), 310–330. https://doi.org/10.46498/reduipb.v26i2.1775
Orrego, V. (2022). Innovación educativa: Propuesta conceptual, paradigmática y dimensiones de acción. Ensayos Pedagógicos, XVII(2), 95-116. https://doi.org/10.15359/rep.17-2.5
Rodelo, M., Montero, P., Jay-Vanegas, W., y Martelo, R. (2021). Metodología de investigación acción participativa: Una estrategia para el fortalecimiento de la calidad educativa. Revista de Ciencias Sociales, 27(3), 287–298. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8090621


